Apariciones a Santa Margarita

El 20 de junio de 1671, Santa Margarita María Alacoque ingresa en el Monasterio de Paray-le-Monial. Allí, el 27 de diciembre del año 1673, en la festividad de San Juan Evangelista, estando ella en adoración ante el Santísimo Sacramento, recibió la primera de cuatro grandes revelaciones -con manifestaciones visibles del Sagrado Corazón de Jesús- que experimentaría a lo largo de su vida: “Estando yo delante del Santísimo Sacramento me encontré toda penetrada por su Divina Presencia. El Señor me hizo reposar por muy largo tiempo sobre su Pecho Divino, en el cual me descubrió todas las maravillas de su Amor y los secretos inexplicables de su Corazón Sagrado”.

En la primera revelación el Sagrado Corazón le dijo a Santa Margarita:

«Mi Divino Corazón, está tan apasionado de Amor a los hombres, en particular hacia ti, que, no pudiendo contener en él las llamas de su ardiente caridad, es menester que las derrame valiéndose de ti y se manifieste a ellos para enriquecerlos con los preciosos dones que te estoy descubriendo los cuales contienen las gracias santificantes y saludables necesarias para separarles del abismo de perdición. Te he elegido como un abismo de indignidad y de ignorancia, a fin de que sea todo obra mía.»

Santa Margarita dice: «Me pidió el corazón, el cual yo le suplicaba tomara y lo cual hizo, poniéndome entonces en el suyo adorable, desde el cual me lo hizo ver como un pequeño átomo que se consumía en el horno encendido del suyo, de donde lo sacó como llama encendida en forma de corazón, poniéndolo a continuación en el lugar de donde lo había tomado, diciéndome al propio tiempo: «He ahí, mi bien amada, una preciosa prenda de mi amor, que encierra en tu costado una chispa de sus más vivas llamas, para que te sirva de corazón y te consumas hasta el último instante y cuyo ardor no se extinguirá ni enfriará. De tal forma te marcaré con la Sangre de mi Cruz, que te reportará más humillaciones que consuelos. Y como prueba de que la gracia que te acabo de conceder no es nada imaginario, aunque he cerrado la llaga de tu costado, te quedará para siempre su dolor y, si hasta el presente solo has tomado el nombre de esclava mía, ahora te doy el de discípula muy amada de mi Sagrado Corazón».»

La segunda revelación se produjo dos o tres meses después de la primera, escribe Santa Margarita:

«El divino Corazón se me presentó en un trono de llamas, más brillante que el sol, y transparente como el cristal, con la llaga adorable, rodeado de una corona de espinas y significando las punzadas producidas por nuestros pecados, y una cruz en la parte superior…

…la cual significaba que, desde los primeros instantes de su Encarnación, es decir, desde que se formó el Sagrado Corazón, quedó plantado en él la cruz, quedando lleno, desde el primer momento, de todas las amarguras que debían producirle las humillaciones, la pobreza, el dolor, y el menosprecio que su Sagrada Humanidad iba a sufrir durante todo el curso de su vida y en Su Santa Pasión.»

«Me hizo ver -continúa Santa Margarita-, que el ardiente deseo que tenía de ser amado por los hombres y apartarlos del camino de la perdición, en el que los precipita Satanás en gran número, le había hecho formar el designio de manifestar su Corazón a los hombres, con todos los tesoros de amor, de misericordia, de gracias, de santificación, y de salvación que contiene, a fin de que cuantos quieran rendirle y procurarle todo el amor, el honor y la gloria que puedan, queden enriquecidos abundante y profusamente con los divinos tesoros del Corazón de Dios, cuya fuente es, al que se ha de honrar bajo la figura de su Corazón de carne, cuya imagen quería ver expuesta y llevada por mi sobre el corazón, para grabar en el, su amor y llenarlo de los dones de que está repleto, y para destruir en él todos los movimientos desordenados. Que esparciría sus gracias y bendiciones por dondequiera que estuviere expuesta su santa imagen para tributarle honores, y que tal bendición sería como un último esfuerzo de su amor, deseoso de favorecer a los hombres en estos últimos siglos de la Redención amorosa, a fin de apartarlos del imperio de Satanás, al que pretende arruinar, para ponernos en la dulce libertad del imperio de su amor, que quiere restablecer en el corazón de todos los que se decidan a abrazar esta devoción.»

La tercera ocurrió el primer viernes de junio de 1674: en ella, el Señor le describió a Santa Margarita de qué forma se iba a realizar la práctica de la devoción a su Corazón.

En un primer momento, las autoridades religiosas tuvieron desconfianza de estas visiones hasta que, en los primeros días de febrero de 1675, el padre San Claudio Colombière (jesuita), habló con Santa Margarita y creyó en sus revelaciones.

Fue entonces cuando se produjo la cuarta y última revelación, que se puede considerar como la más importante. Ocurrió durante la octava del Corpus Christi del año 1675 (entre el 13 y el 20 de junio). Estando Santa Margarita ante el Santísimo Sacramento, el Señor le descubrió su Corazón y le dijo: “He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres y que no ha ahorrado nada hasta el extremo de agotarse y consumirse para testimoniarles su amor […] te pido que el primer viernes después de la octava del Corpus se celebre una fiesta especial para honrar a mi Corazón […] También te prometo que mi Corazón se dilatará para esparcir en abundancia las influencias de su divino amor sobre quienes le hagan ese honor y procuren que se le tribute”.

El padre Colombière le ordenó a Santa Margarita que cumpliese todo lo que le había dicho el Señor y que recogiese por escrito todo lo revelado. Pasados diez años, Santa Margarita fue elegida maestra de novicias y asistente de la superiora. Murió el 17 de octubre de 1690. Tres años después de su muerte, el Papa Inocencio XIII promulgó una bula otorgando indulgencia a todos los monasterios de la Visitación con motivo de la fiesta del Sagrado Corazón que el Señor había pedido a Santa Margarita.

El año 1765 el Papa Clemente XIII instituyó dicha fiesta en Roma y en 1865 el Papa Pío IX la extendió a toda la Iglesia. La fiesta se celebraría el viernes siguiente a la octava del Corpus.

El 18 de septiembre de 1864 Santa Margarita María Alacoque fue beatificada por el Papa Pío IX. Y el 13 de mayo de 1920, canonizada por el Papa Benedicto XV. Su festividad litúrgica se celebra el 16 de octubre.

Fuente: Corazones.org, Paulinas.es