¿Qué es la Consagración al Sagrado Corazón de Jesús?

La única manera de entender en profundidad la devoción al Sagrado Corazón de Jesús es desde el Amor. Dice San Juan, que no es que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que “Él nos amó primero “(1 Jn 4,19). Y, el amor que Dios nos tiene lo conocemos en este Corazón. Él, movido por este Amor, se ha abajado hasta el hombre, para asumir todo lo humano, y redimiéndolo elevarlo a su misma vida divina. Es este amor, que lo ha llevado hasta la locura de la cruz.

Él tiene sed de nuestro amor. Ninguna persona realmente enamorada queda satisfecha sin correspondencia, no por ser una exigencia egoísta, sino porque es propio del amor querer unirse y estar más cerca del amado, para así poder compartir su propio bien. Y como repiten algunos santos: El amor solo con amor se paga y las heridas de amor solo con amor se curan. Esa petición de amor de Jesús a la samaritana es la misma que nos hace a los hombres en las revelaciones a Santa Margarita: “Dame de beber” – “Al menos tu ámame”.

La respuesta de amor al Corazón de Jesús se concreta en la consagración, por la cual nos ofrecemos a su divino Corazón con todas nuestras cosas, reconociéndolas como recibidas de su mano. Así, toda nuestra vida queda dirigida a la gloria de Dios como fuente amorosa de todo lo que somos y lo que tenemos.

Esta consagración personal viene a concretarse y a extenderse en las familias por medio de la entronización, acto mediante el cual se hace un reconocimiento oficial y social de la realeza amorosa del Corazón de Jesús en la familia cristiana, pidiéndole que Él reine en nuestras familias y situándolo como centro de vida de la Iglesia doméstica.

Pero la consagración al Corazón de Cristo, como respuesta de amor a su Corazón, aún tiene una dimensión más extensa en la consagración de toda una comunidad o nación al Sagrado Corazón. Por ella se pretende reconocer y expresar la realeza divina y el dominio suavísimo la ley de Cristo en la vida social. Por ella asentimos a Jesucristo como nuestro Rey y Señor y le confesamos públicamente nuestro amor, nuestro deseo de hacer siempre su santísima voluntad, y ser el criterio y esperanza de todas nuestras decisiones personales, familiares y sociales.